Muralismo:

La expresión que perdura

Las paredes hablan, desde las cavernas, hasta la actualidad: basta observar el auge del Street Art. Esta es la expresión humana que une hábitat y cultura desde siempre.

Podríamos decir que el arte mural es anterior a cualquier otra expresión. Las paredes de las cuevas y la amplitud de las rocas exteriores tentaron al ser humano a apropiarse de esos espacios como su primer “lienzo en blanco”. ¿El objetivo? Dejar constancia de la vida, el entorno, las creencias y los sucesos más importantes de su ser en sociedad.

La revolución de una pintura

En el siglo XX, el arte mural se volvió expresión de deseo, manifestación de descontento y herramienta de difusión como un modo de dar batalla en las grandes revoluciones: solo basta pensar en el Guernica de Pablo Picasso o en los murales latinoamericanos de Siqueiros y Diego Rivera que fueron íconos de un momento álgido de la historia de la humanidad. Sin ir más lejos, Buenos Aires cuenta con un índice de murales del siglo pasado de esos que se encuentran restaurados o son objeto de preservación porque dan cuenta de la vida obrera y del intercambio cultural que primó en Latinoamérica.

No siempre fue ese el vínculo con lo que las paredes cuentan. En los ochenta, el grafiti embanderó una movida contracultural que unió el rap y el hip-hop en una expresión callejera que promulgaba lemas en contra del consumo y el capitalismo en espacios públicos. Así, se ganó la prohibición y la crítica que situaron a esta expresión en la vereda del vandalismo más que en la del arte. Aunque, también a fuerza de ingenio, insistencia y creatividad, la incomodidad pública se ganó un lugar y “Bansky” se volvió leyenda mundial del arte urbano, incluso, para el mercado del arte.

Entre los murales de ayer y los de hoy, los motores de la expresión siguen más vigentes que nunca, las paredes (interiores, exteriores, públicas y privadas) mantienen intacto el interés de las personas que quieren conquistarlas con su arte. Entonces… ¿qué cambió?

Como en muchos otros aspectos de la vida, la tecnología y la destreza para gestar productos a la medida de estos lienzos de cemento es lo que marca la diferencia en la actualidad; la Pintura para Muralismo (a diferencia de los tintes orgánicos extraídos de las plantas y plasmados con la yema de los dedos) está a favor de eso que todo artista busca: larga vida a su expresión.

Una pintura para permanecer

Uno de los desafíos de la formulación de nuestra Pintura para Muralismo Acrílica al Agua fue identificar las necesidades puntuales de los artistas (distintas a las de quienes, simplemente, quieren pintar una pared exterior) y, a la vez, generar un producto de extrema resistencia a la intemperie (luz solar, lluvia y polución ambiental).

“Este desarrollo parecía situarse en la vereda contraria al resto de nuestra familia de productos artísticos acrílicos al agua porque requería un nivel de exigencia como el de la industria automotriz, que, a su vez, permitiera la delicadeza de tonos y mixturas que buscan formar los artistas sin distorsiones”, expresa el Ing. químico Rubén Civeira, creador de Pinturas Eterna.

Así, la carta de colores reducida, pero con gran potencial de expresión, fue posible porque Eterna procesa sus propios concentrados de color para realizar una formulación única con pigmentos que no se utilizan en ninguna de las pinturas habituales de hogar y obra.

“En esta formulación también contemplamos un poder cubriente tal que, sin sacrificar un buen brillo satinado, cada artista puede plasmar su obra con una sola capa de pintura sin tener que repetir los trazos. Esto les permite preservar esa espontaneidad única que podría perder gestualidad si fuera necesario retocar”.

Expresiones de hoy

Jony, arquitecto del Estudio Sasky

“Para mí, un mural no solo es el arte del artista, sino las características de la pared. Es una expresión de la pared que también habla. Es un regalo de cultura hacia quienes somos espectadores. Eso es lo lindo del Street Art.
Como hacedores, tratamos de regalar cultura y arte al barrio de Colegiales: lo hacemos generando experiencias enriquecedoras entre arquitectos y artistas, es una sinergia que llegará hasta donde tenga que llegar”.

Vale Caliva

“Un mural, para mí, es un lienzo en el que no hay límites. Es una oportunidad de plasmar libremente lo que sentimos, pero a grandes escalas. Tuve la oportunidad de pintar varios, de subirme a un andamio…
El hecho de tener ese bastidor gigante hace más atrapante cada pincelada. Verlo terminado es increíble: cuesta creer cómo una pared blanca puede llegar a cambiar un espacio y darle vida con colores”.

Guada Santa Cruz

“El arte, en todas sus disciplinas, es un estímulo primero sensorial y enseguida emocional. Tiene el poder de transformar el estado de nuestra alma. En las artes plásticas, hay un tiempo propio: requiere cierta introspección para conectar con la obra, el espectador tiene que ir su encuentro y prepararse para entrar en ella. Aunque los murales están dentro de esta disciplina, siento que ese vínculo funciona al revés: la obra va al encuentro del espectador, es el mural el que avanza y sorprende a quien pasa cerca suyo. El mural tiene el poder de envolverte y cautivarte dentro de su propia atmósfera. Al pintar murales, experimenté un nivel de expansión que desconocía como artista. Cuando empiezo un nuevo proyecto, y todavía no llegué al lugar, siento mucha adrenalina, nervios, inseguridades… esa sensación incómoda dura hasta que conecto con el lugar, y la obra se revela y la empiezo a descubrir por más que la pared siga en blanco”.