El Aerógrafo:

del desprecio al merecido reconocimiento

Te contamos los motivos que hicieron popular esta herramienta entre académicos y amateurs, cómo nació y su aporte al Pop Art y al Hiperrealismo.

Hace más de un siglo, apareció en el mercado una herramienta que necesitó romper algunos prejuicios para volverse popular: el aerógrafo. Sin embargo, la técnica de aspersión de pintura propulsada por aire tiene mucho más tiempo sobre la Tierra que el objeto que hoy la hace posible. En efecto, la aerografía se remonta a unos 35.000 años, por lo menos, de acuerdo a los estudios hechos sobre las rocas de las cuevas de Lascaux (Dordoña, Francia), en donde se encontraron unas manos dibujadas mediante pigmentos expulsados por un tubo.

Existen diferentes versiones sobre quién fue el creador del aerógrafo. Algunos se lo atribuyen al estadounidense Abner Peeler, en 1878, mientras que otras fuentes creen que fue inventado por el acuarelista Charles Burdick en 1893.

Peeler –quien además es el inventor de la máquina de escribir– desarrolló en su momento una pieza a la cual llamó “distribuidor de pintura”, con un compresor que se accionaba a pedal. Mientras que la que se le atribuye a Burdick es similar a la que utilizamos en estos días. En cualquier caso, no fue hasta la década del 60 que su uso se extendió al arte.

Hasta ese entonces, el aerógrafo era considerado un instrumento “menor” como para ser incluido en el catálogo de las Bellas Artes, por lo que su utilización quedó limitada al campo de la publicidad, el retoque de fotografías y la ilustración. No obstante, la explosión del Pop Art, de la mano de Andy Warhol, le dio a esta herramienta otro impulso y lugar.

Lo cierto es que su mecanismo le da una serie de virtudes muy valoradas por los artistas. Es una pequeña pistola, con la precisión de un bolígrafo, conectada por una manguera a un compresor que le da la fuerza para expulsar chorros aireados de pintura. Mediante un pulsador, es posible controlar la presión del aire, la consistencia o densidad de la pintura.

Luego de que el Pop Art lo instalara en el mercado artístico, en los 70 creció otro movimiento que le dio más protagonismo al aerógrafo: el hiperrealismo.

Esta corriente artística encontró en la aerografía un medio para lograr imágenes con detalles perfectamente logrados. Ya en los 80, el aerógrafo fue completamente aceptado en las Bellas Artes y su difusión no conoce límites. Hoy es ampliamente utilizado para el arte callejero y se aplica en una infinidad de objetos que van desde cuadros hasta tablas de surf.

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