Pueblos de Buenos Aires

Tres librerías del interior de la provincia hablan de sus pueblos cercanos y recomiendan lugares que vale la pena conocer.

Voy a tomar la Ruta 3, una mañana para no volver
Cantando bajito, me voy para el campo…

Así comienza una de las canciones más célebres de Celeste Carballo. Se llama Querido Coronel Pringles y es un homenaje al pueblo de su infancia, al que vuelve después de vivir en la Ciudad de Buenos Aires.

Ciertamente, la provincia tiene pueblos (algunos de ellos ya ciudades, por la cantidad de habitantes) que ameritan una escapada para oxigenarse con viejas historias, nuevas para el visitante. Son rincones del territorio bonaerense en donde los sabores, olores y colores se exaltan y disfrutan, a diferencia de lo que sucede en las grandes urbes.

José es coterráneo de la cantante y el responsable de la librería Avenida Centro de Copiado. Sobre Coronel Pringles cuenta que “vienen de todo el mundo a ver las obras art decó de Francisco Salamone”, un arquitecto italiano criado en la Argentina, muy reconocido por sus obras, consideradas de lo mejor dentro de este estilo. Entre 1936 y 1940 diseñó más de 60 edificios en la provincia, a pedido del gobernador de entonces, Manuel Fresco. Algunas de ellas son una marca de identidad de Pringles, como el Palacio Municipal, las ramblas, la plaza principal y el Matadero Municipal, cuya torre simboliza una cuchilla.

Luciano se entusiasma cuando escucha el apellido Salamone. Es que el encargado de Librerías Don Carlos es arquitecto y cuenta que también en Rauch, donde vive, hay edificios proyectados por el italiano. El comercio tiene locales en esta ciudad y en Ayacucho, situada a 70 km de distancia. Es más, Luciano enfocó su tesis en ellas y en los pueblos que conforman ambos partidos, a los que describe “con similares características e identidades”. Por ejemplo, “poseen un patrimonio intangible con fiestas conmemorativas de magnitudes extraordinarias que convocan visitantes de todo el país: Ayacucho, la fiesta del Ternero y Rauch, la fiesta nacional del Ave de Raza”. La municipalidad de Rauch también lleva la huella de Salamone, lo mismo que la delegación de Miranda, un paraje rural del partido realizada por el mismo autor. “Ayacucho y Rauch cuentan con un patrimonio con una identidad y un vínculo con el campo notable. El primero incluye al paraje Udaquiola, mientras que el segundo, gracias al auge del tren, sumó parajes rurales como Miranda, Colman, Chapeleofú, Juan Silva y Egaña”. En este último, el Castillo San Francisco se distingue por ser un imponente casco de estancia finalizado en 1930, que luego fue rehabilitado como reformatorio. Hace décadas está abandonado y es por esto que un grupo de vecinos propone su restauración para darle un uso comunitario.

En Tres Arroyos, cuenta Fernanda de La Papelera, es habitual que los vecinos de la ciudad pasen los fines de semana en las playas de Reta y Claromecó, localidades que pertenecen al mismo partido y que se encuentran a 70 km. También es posible ir a ver obras al Teatro Municipal (Tres Arroyos está en Fase 4, así que con protocolos se puede hacer casi cualquier actividad) o visitar el Museo Mulazzi, dedicado a la historia. Estas últimas vacaciones de invierno el lugar fue cobijo de varios talleres artísticos para chicos, en los cuales La Papelera participó aportando materiales de Eterna.

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