Gracias
por las Creaciones

Horacio “El Negro” Fontova

No podría decir cómo me quedó instalado ese apodo, pero si gritás “¡Negro!” en una cuadra, varios nos vamos a dar por aludidos, así que me sumo a todos los morochos de mi tierra argentina, latinoamericana, de la Patria Grande. Esa morochez latinoamericana es de alguna manera la antítesis de la “blanca” representatividad de los “gringos”, para quienes ser “nigger”, es realmente algo insultante, injurioso, humillante. Para mí es todo lo contrario: es un orgullo”.

Esas palabras compartió “El Negro “ en 2015 en el marco de una entrevista para esta sección.
En su honor, la replicamos.

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En formato acústico

“Soy Horacio Héctor González Fontova, hijo de María Fontova y de Horacio González Alisedo. Nacido el 30 de octubre de 1946, criado en Plaza Lavalle —pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires— que cursó la escuela primaria en el Colegio La Salle, la secundaria en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y los estudios terciarios en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano.  Más  porteño que el Obelisco”.

Al compás de esa presentación, su guitarra Clarita armoniza los primeros acordes deseosa de acompañar la charla con ese fiel camarada que, como ella, lleva la música en su ADN.

“María, mi inolvidable vieja, era hija de León Fontova, violinista creador de la Sociedad Argentina de Música de Cámara en 1911, de la Asociación Filarmónica Argentina en 1920 e integrante del Cuarteto de Cámara Buenos Aires, y de María Miró:  eximia pianista. Mientras yo crecía dentro de su panza, mi vieja tocaba en su hermoso piano de cola Bechstein musiquitas de Bach, Chopin, Beethoven, Tchaikovsky, Mozart, Strauss, Vivaldi… también tangos, zambas y chacareras. Algunas veces acompañando a mi viejo, cantante lírico que fue primer bajo del Teatro Colón durante muchos años.  Cuando nací, mi vieja tenía 46 años y ya existía mi hermana Mimí, que tenía 20, hermosa muchacha pianista destacada en boogie-woogie.  A partir de allí todo fue música: no sólo en mi infancia, sino en toda mi vida”.

BM- Sos un artista multifacético: músico, actor, compositor, escritor, conductor radial, humorista, dibujante, ¿en cuál de estos roles te sentís más cómodo?

HF- El músico estuvo presente desde mis orígenes, pero en todas mis ocupaciones me siento realmente muy feliz. El compositor fue naciendo a medida que crecía. El actor, tal vez haya nacido en mí simplemente por haber sido un alumnito bochinchero y alborotador. El humor lo heredé de mi vieja. Nací con él como con la música, y es por eso que está siempre presente en mí, generalmente manifestado de una forma irónica y reflexiva, que es el humor que más me gusta.El dibujo me gustó desde niño —como a todos los niños—, pero nunca lo abandoné, y a la escritura me hice afecto ya un poco más crecido. Pude editar, hace un par de años, “Témpera Mental”, mi primer libro de cuentos y reflexiones. Y en este momento estoy por editar otros dos: “Humano” y “Cero humano”.El conductor radial se dio por otra casualidad y, a pesar de mi inexperiencia en el rubro, no solo lo disfruté mucho si no que, para mi sorpresa, hasta gané un Martín Fierro(Mejor labor humorística en radio).

BM- ¿Qué hay de común en el modo de crear en esos ámbitos?

HF- Curiosidad y gusto, que es lo que me mueve a ocuparme de algo y, en todos los casos, lo que me da la posibilidad de crear usando toda la imaginación posible.Con el dibujo te diría que soy más animal, puro instinto. Siento, voy y dibujo, con lo que tenga mano.

BM- Un común denominadoren tus trabajos es el humor. ¿Qué significa para vos el humor?

HF- Siempre pensé que el humor, el buen humor, es un fenómeno vasodilatador que favorece la circulación de la sangre, frente a todos los fenómenos vasoconstrictores que nos propone el sistema humano de vida: el miedo, la traición, la locura, el dolor, la muerte. 

BM- ¿Tenés una receta propia para la inspiración?

HF- No tengo recetas,y las musas no siempre vienen a visitarme. Pero no me quedo esperando a que lleguen, siempre estoy buscando y trabajando sobre algo para poder llegar a un resultado que me guste.

En la música, por ejemplo, a veces parto de la emoción que me generó un hecho, y sale una musiquita primero. Pero otras veces sale una letra primero y de ahí, trabajando en lo que falta, resulta una canción.

BM- Desde la edición de tu primer disco en 1982, tu discografía pasó por distintas etapas: solista, dúos, grupos; temas más pegadizos, temas más de protesta, folclore, ¿a qué responde esta diversificación?

HF- Siempre tuve un espíritu inquieto. En cuanto a las distintas formaciones, nunca fue un objetivo establecido como tal, simplemente las cosas se fueron dando, probablemente por las distintas etapas de búsqueda que atravesé y que seguiré atravesando. En estos últimos años he vuelto a mis orígenes, y al enamoramiento inicial de mi instrumento: la guitarra, que descubrí a los 13 años gracias a mi prima Susana.Y si bien los sonidos rimbombantes de las bandas se contraponen ahora con lo acústico de sólo una viola y una voz, la variedad en cuanto a los géneros musicales siempre estuvo presente.

Es verdad que en la época de bandas sonaron temas salseros, pero siempre en mi repertorio hubo zambas, chacareras y algún que otro tango o milonga.Todo esto hoy lo estoy desarrollando más profundamente en este reencuentro con mi guitarra Clarita.  Cada vez incursiono más en nuestro querido folclore, y también me doy el gusto de interpretar piezas musicales que me han gustado a lo largo de mi vida, del género que sean: jazz, rock, coplas españolas, canzonetas napolitanas, bossa nova. Variación de géneros que también está presente en mis propios temas.

BM -¿Qué pendientes tenés en tu carrera?

HF- No hay cosas pendientes en mi vida más que seguir haciendo lo que me gusta: tocar, cantar, actuar, dibujar, escribir y tratar de crecer en cada una de mis ocupaciones.

Galería Fontova

Diseñador gráfico de formación, Horacio Fontova asegura que jamás perdió el vínculo con el dibujo. En la actualidad e inspirado en la antigua pintura china y japonesa, Sumi-e, sus trabajos —asegura— son más espontáneos y sin tanta dedicación puntillista como los de antes que surgían de bocetos realizados a lápiz y terminados luego con tintas y acuarelas.