Dos obras de Quinquela Martín
recuperadas

La trastienda de dos murales de tela de 1928 que volvieron a lucirse en Buenos Aires gracias a la labor de los restauradores.

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Descargando Carbón, 1928
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En Plena Actividad, 1928

Con escenas de la labor portuaria, dos obras del artista boquense fueron rehabilitadas para que sean apreciadas por las nuevas generaciones.

Crédito fotos: @casadelteatroar

De entre las tinieblas, dos de los 75 murales que Benito Quinquela Martín pintó en toda su vida, renacieron hace unas pocas semanas en todo su esplendor. Para esto fue necesario el trabajo de un equipo de restauradores que pusieron manos a la obra para que a finales de noviembre estén listos. Se trata de las pinturas “Descargando carbón” y “En plena actividad”, ambas situadas en el foyer del Teatro Regina, en el segundo piso del edificio de La Casa del Teatro, en Avenida Santa Fe 1243, CABA.

“Descargando carbón” fue la primera en recibir tratamiento y refleja una imagen del puerto, con sus barcos y maquinarias emprendiendo la faena diaria. “En plena actividad”, en tanto, representa una escena similar con embarcaciones de todos los tamaños amarradas al muelle, dispuestas a partir o llegando, mientras sus hombres trabajan sobre ellas.

Las dos fueron creadas en 1928 especialmente para el edificio, que fue inaugurado en 1938 con la intención de albergar allí a actrices, actores y personas vinculadas a la actividad teatral que no contaban con recursos. Su construcción fue una iniciativa de la cantante de ópera Regina Pacini, esposa del entonces presidente radical Marcelo T. de Alvear. Como Quinquela era un buen amigo de la pareja, decidió cederles su trabajo, expresado en óleo sobre tela amurada a la pared, en paños de 5 metros de alto y 3 de ancho.

Su recuperación fue una idea de la presidenta de la Casa del Teatro, Linda Peretz, quien en su momento notó en una de las piezas el rastro de una quemadura de cigarrillo. Pero ese no era el único problema que presentaban.
A Quinquela Martín le gustaba que sus obras fueran lo más públicas posibles, que el arte invadiera las calles y vida cotidiana de las personas. Esto implica una cierta exposición al maltrato, el frío, el calor, la humedad, una iluminación inadecuada y hasta hollín, luego de un incendio que en 2010 afectó al quinto piso.

Las pinturas fueron afectadas también por el comportamiento de las personas. Era común que los espectadores se apoyaran sobre ellas esperando la apertura del telón. Aún más, su estado de deterioro se debía a una cuestión intrínseca a la técnica empleada por Quinquela. Al usar óleo, para hacer más fluida su textura debe haberlo mezclado con aguarrás mineral o trementina. Si el solvente es de mala calidad se evapora y la pintura recupera su densidad, que con el tiempo termina por generar una superficie craquelada.

Crédito fotos: @casadelteatroar

El equipo liderado por la restauradora Victoria García Villegas optó por no retirar los murales a fin de evitar roturas. En primer lugar, se les hizo una limpieza superficial con pinceles japoneses de pelo de cabra. Luego se procedió al velado, que implica cubrir las pinturas con un papel de fibra de kozo (un árbol japonés) sobre el que se colocan geles que pueden alcanzar las grietas y microfisuras. La suciedad depositada en ellas se adhiere al producto de modo que, cuando se retira el papel, con él también se despega el polvo y otros elementos dañinos.

Con la ayuda de solventes fue posible recuperar los colores originales de las obras. De esta manera se rescataron los tonos empleados por Quinquela al tiempo que se respeta su envejecimiento, como una manera de evitar un “falso histórico”.

Con su puesta en valor, las obras cumplen con el legado de su autor: democratizar el arte a lo largo del tiempo.

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